viernes, 26 de marzo de 2010
Me provoco
Esa frase se me ocurrió hablando con un amigo, y loq que quisedecir, sin animo de ofender a nadie, es que el sarcasmo, es un tipo de humor que le da sazón, sabor, en otras palabras color. Además lo dije porque la frase en toda su naturaleza es la expresión del sarcasmo, y es por el hecho de lo que se asocia con el negro (que es harina de otro costal, que a lo mejor luego si no me siento intimidado tocare).
La vida está llena de colores, la vida tiene de todos los colores, y nosotros somos parte de esos colores, con lo que hacemos, por las tendencias políticas que tenemos, por la música que escuchamos, más alla de las tonalidades de nuestra piel.
El sarcamos es una forma de burla, pero bueno una burla de todo tipo de cosas, y creo que cuando esa burla nos hace reir, nos da un poco de alegría, nos llena de vida, y hace que nuestra ojos por un momento vean la paleta de colores que tenemos a nuestro alrededor.
El sarcasmo es excelente es una muy buena manera de expresión, es darle la vuelta a las cosas que escuchas, es demostrar algo de la inteligencia que nos fue dada.
Yo no dejaría de ser sarcastico por nada en este mundo, el humor negro es lo que hace que mi vida tenga color y lo que la hace divertida. El humor negro es esencial para mi.
Ángel Said Domíguez Pinto
miércoles, 24 de marzo de 2010
...¿¿¿???¡¡¡!!! ^^
He colgado una que otra cosa para llamarlos a la reflexión, pero mas que todo para ponerlos a pensar. Sé que casi todos los que han leido mi blog son personas a las cuales he obligado, pero espero que algun día les sirva de algo. Espero que les haya gustado. además le he puesto cariño a lo que he colgado.
Puedo dar fe de que todo lo que he puesto no lo puse por hacerlo, lo puse porque son planteamiento con los cuales estoy de acuerdo.
Quiero pedirles que me critiquen, pues soy un desastre escribiendo, pero por favor no me destrocen, tengo sentimientos aunque parece que carezco de ellos, sean moderados y bueno estare dispuesto en la medida de mis limitadas capacidades de escuchar (leer en realidad) sus críticas.
Ante todo les pido disculpas pues soy un pésimo escritor, pero según he escuchado la mejor manera de aprender a escribir es escribiendo. Sin embargo creo que en este caso es como a veces digo,"echando a perder se aprende".
Y pues sin más nada que expresar me despido pidiendoles de nuevo que se ensañen conmigo, recuerden que lo que me mueve es el ocio y la locura...
Ángel Said Domínguez Pinto
Ancient Philosophy
" Hay momentos en que realmente se necesita a otra persona. Si tal conducta se repite con frecuencia, se acaba siendo un inoportuno y un descontrolado. Para ciertas cosas es mejor no depender de los demás"
domingo, 14 de marzo de 2010
Gedicht Eins
Ángel S. Dominguez
Aprendizaje
POEMA 15
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
sábado, 13 de marzo de 2010
Quotations
El Gato
¿Cuánto tiempo lleva encerrado?
La mañana de mayo velada por la neblina en que había ocurrido aquello le resultaba tan irreal como el día de su nacimiento, ese hecho acaso más cierto que ninguno, pero que sólo atinamos a recordar como una increíble idea. Cuando descubrió, de improviso, el dominio secreto e impresionante que el otro ejercía sobre ella, se decidió a hacerlo. Se dijo que quizá iba obrar en nombre de ella, para librarla de una seducción inútil y envilecedora. Sin embargo, pensaba en sí mismo, seguía un camino iniciado mucho antes. Y aquella mañana, al salir de esa casa, después que todo hubo ocurrido, vio que el viento había expulsado la neblina, y, al levantar la vista ante la claridad enceguecedora, observó en el cielo una nube negra que parecía una enorme araña huyendo por un campo de nieve. Pero lo que nunca olvidaría era que a partir de ese momento el gato del otro, ese gato del que su dueño se había jactado de que jamás lo abandonaría, empezó a seguirlo, con cierta indiferencia, con paciencia casi ante sus intentos iniciales por ahuyentarlo, hasta que se convirtió en su sombra.
Encontró es pensionsucha, no demasiado sucia ni incómoda, pues se preocupaba por ello. El gato era grande y musculoso, de pelaje gris, en partes de un blanco sucio. Causaba la sensación de un dios viejo y degradado, pero que no ha perdido toda la fuerza para hacer daño a los hombres; no les gustó, lo miraron con repugnancia y temor, y, con la autorización de su accidental amo, lo echaron. Al día siguiente, cuando regresó a su habitación, encontró al gato instalado allí; sentado en el sillón, levantó apenas la cabeza, lo miró y siguió dormitando. Lo echaron por segunda vez, y volvió a meterse en la casa, en la pieza, sin que nadie supiera cómo. Así ganó la partida, porque desde entonces la dueña de la pensión y sus acólitos renunciaron a la lucha.
¿Se concibe que un gato influya sobre la vida de un hombre, que consiga modificarla?
Al principio él salía mucho; los largos hábitos de una vida regalada hacían que aquella habitación, con su lamparita de luz amarillenta y débil, que dejaba en la sombra muchos rincones, con sus muebles sorprendentemente feos y desvencijados si se los miraba bien, con las paredes cubiertas por un papel listeado de colores billones, le resultaba poco tolerable. Salía y volvía más inquieto; andaba por las calles, andaba, esperando que el mundo le devolviera una paz ya prohibida. El gato no salía nunca. Una tarde que él estaba apurado por cambiarse y presenció desde la puerta cómo limpiaba la habitación la sirvienta, comprobó que ni siquiera en ese momento dejaba la pieza a medida que la mujer avanzaba con su trapo y su plumero, se iba desplazando hasta que se instalaba en un lugar definitivamente limpio; raras veces había descuidos, y entonces la sirvienta soltaba un chistido suave, de advertencia, no de amenaza, y el animal se movía. ¿Se resistía a salir por miedo de que aprovecharan la ocasión para echarlo de nuevo o era un simple reflejo de su instinto de comodidad? Fuera lo que fuese, él decidió imitarlo, aunque para forjarse una especie de sabiduría con lo que en el animal era miedo o molicie.
En su plan figuraba privarse primero de las salidas matutinas y luego también de las de la tarde; y, pese a que al principio le costó ciertos accesos de sorda nerviosidad habituarse a los encierros, logró cumplirlo. Leía un librito de tapas negras que había llevado en el bolsillo; pero también se paseaba durante horas por la pieza, esperando la noche, la salida. El gato apenas si lo miraba; al parecer tenía suficiente con dormir, comer y lamerse con su rápida lengua. Una noche muy fría, sin embargo, le dio pereza vestirse y no salió; se durmió en seguida. Y a partir de ese momento todo le resultó sumamente fácil, como si hubiese llegado a una cumbre desde la que no tenía más que descender. Las persianas de su cuarto sólo se abrieron para recibir la comida; su boca, casi únicamente para comer. La barba le creció, y al cabo puso también fin a las caminatas por la habitación.
Tirado por lo común en la cama, mucho más gordo, entró en un período de singular beatitud. Tenía la vista casi siempre fija en las polvorientas rosetas de yeso que ornaban el cielo raso, pero no las distinguía, porque su necesidad de ver quedaba satisfecha con los cotidianos diez minutos de observación de las tapas del libro. Como si se hubieran despertado en él nuevas facultades, los reflejos de la luz amarillenta de la bombita sobre esas tapas negras le hacían sombras tan complejas, matices tan sutiles que ese solo objeto real bastaba para saturarlo, para sumirlo en una especie de hipnotismo. También su olfato debía hacer crecidos, pues los más leves olores se levantaban como grandes fantasmas y lo envolvían, lo hacían imaginar vastos bosques violáceos, el sonido de las olas contra las rocas. Sin saber por qué comenzó a poder contemplar agradables imágenes: la luz de la lamparita -eternamente encendida- menguaba hasta desvanecerse, y, flotando en los aires, aparecían mujeres cubiertas por largas vestimentas, de rostro color sangre o verde pálido, caballos de piel intensamente celeste…
El gato, entretanto, seguía tranquilo en su sillón.
Un día oyó frente a su puerta voces de mujeres. Aunque se esforzó, no pudo entender qué decían, pero los tonos le bastaron. Fue como si tuviera una enorme barriga fofa y le clavaran en ella un palo, y sintiera el estímulo, pero tan remoto, pese a ser sumamente intenso, que comprendiese que iba a tardar muchas horas antes de poder reaccionar. Porque una de las voces correspondía a la dueña de la pensión, pero la otra era la de ella, que finalmente debía haberlo descubierto.
Se sentó en la cama. Deseaba hacer algo, y no podía.
Observó al gato: también él se había incorporado y miraba hacia la persiana, pero estaba muy sereno. Eso aumentó su sensación de impotencia.
Le latía el cuerpo entero, y las voces no paraban. Quería hacer algo. De pronto sintió en la cabeza una tensión tal que parecía que cuando cesara él iba a deshacerse, a disolverse.
Entonces abrió la boca, permaneció un instante sin saber qué buscaba con ese movimiento, y al fin maulló, agudamente, con infinita desesperación, maulló.
H. A. Murena
El Comienzo
Realmente no se que tan bueno sea que ustedes se enteren de lo que yo pienso, ya que puedo ser bastante pesado y radical en lo que escribo, pero de todas maneras me parece bastante divertido que yo pueda dejar una pequeña huella en este mundo.
Este blog tendrá todo lo que pienso y lo que realmente me parece, importante, incoherente, interesante, divertido, y no necesariamente tendrá algún hilo conductor más allá del que todo esta publicado por mi.
Sin otra cosa mas que decir, me despido.
Ángel Said Domínguez Pinto






